viernes, 20 de enero de 2017

Funciones de la gotera esofágica en los terneros


La gotera esofágica es una característica anatómica presente en los terneros en las primeras semanas de vida que comunica directamente el esófago con el abomaso. Ayuda a que la leche que consuma el animal no vaya al rumen.
Debido a que las crías no tienen bien desarrollado el rumen y durante los días después de nacer solo consumen leche, este conducto evita que el alimento vaya a este comportamiento del estómago, se fermente y produzca alguna complicación o afección.
De acuerdo con Giovanni Pinilla, médico veterinario y presidente de la Asociación de Ganaderos de Ubaté, la gotera esofágica es una estructura anatómica propia de los terneros que es controlada de alguna forma por el sistema nervioso central.
Como los terneros recién nacidos apenas están aprendiendo a controlar algunas actividades del cuerpo, el movimiento de la gotera es involuntario.
Pinilla explicó que al momento de nacer, de los 4 compartimientos del estómago de los bovinos el único que es funcional es el último, el abomaso.
“Cuando el ternero toma la leche, la gotera esofágica forma un paso directo entre el esófago y el abomaso e impide que el líquido se quede en el rumen o en los otros 2 compartimientos”, comentó.
Un aspecto que facilita el movimiento de este conducto es la inclinación o la elevación de la cabeza del ternero cuando se está amamantando.
Cuando el sistema de amamantamiento no es natural, se recomienda que el ternero tome la leche siempre con la cabeza hacia arriba simulando la acción que hace cuando se acerca a la ubre de la madre.
El también ganadero señaló que cuando la cría ingiere la leche con la cabeza inclinada hacia abajo, la gotera esofágica puede que no funcione en ese momento permitiendo que el líquido se vaya para el rumen.
Debido a que en los primeros días de vida del animal el rumen no es completamente funcional y no tiene la función de digerir alimentos como la leche, al entrar en contacto con el líquido se pueden desencadenar diferentes tipos de afecciones.
Si la leche se va para la panza se pueden presentar problemas de cólicos, diarreas, timpanismo, entre otros“, sostuvo.
En ese sentido se manifestó Juan Enrique Toro, médico veterinario-zootecnista, quien indicó que los recién nacidos tienden a tener el abomaso o también conocido como cuajar un poco más grande que los otros compartimientos porque es el que procesa la leche.
Aseveró que como en las ganaderías enfocadas al sector lácteo, la leche es lo que se vende, algunos ganaderos deciden quitarle el ternero a la vaca en un muy corto tiempo, y este proceso lo que hace es reducir el tamaño del cuajar y agrandar la panza.
“El rumen no está diseñado para digerir leche, sino que tiene unas bacterias y levaduras que sirven para fermentar el pasto. Cuando el líquido llega a esta compartimento los microorganismos que hay allí se alteran”, comentó.
La gotera o canal se forma por un reflejo que está relacionado con la acción de mamar. Lo ideal es que el ternero tome la leche a una altura aproximada de 30 centímetros del suelo. Una vez que el animal es destetado, la importancia de esta estructura se pierde.

viernes, 6 de enero de 2017

Uso responsable de los antibióticos

Se presenta la información más reciente sobre el uso de antibióticos.
Conferencia del Dr. Cesar Lopes, Phibro, Brasil en el VII Congreso CLANA (Colegio Latinoamericano de Nutrición Animal), celebrado en México en octubre de 2016.
Durante el siglo XX, los países experimentaron cambios sociales y culturales que ocurrieron de forma más rápida que en siglos anteriores. Hubo una inmensa migración de personas del campo hacia la ciudad, en busca de mejores oportunidades y condiciones de educación, salud y asistencia social.
Dicha migración generó una serie de cambios y comportamientos, dos de los son de gran importancia.
El primero de estos cambios es bastante evidente y se refleja en la realidad actual. Se refiere, básicamente, al hecho que nuestros bisabuelos tenían al menos cierta familiaridad con la crianza de animales para producir carne, leche y huevos, mientras que la mayoría de las personas que forman parte de la sociedad actual jamás ha tenido siquiera la oportunidad de estar frente a una vaca o a un pollo. No conocen la diferencia entre un pollo de engorde y una gallina ponedora, o entre el ganado lechero y el de carne, etc.
El segundo cambio se refiere a dicha falta de conocimiento sobre producción animal. Además de obtener su información a través de las redes sociales, que evidentemente reciben más influencia de quien vive en las ciudades, el público en general, normalmente, está expuesto a información que no proviene de los productores. Al contrario, se trata de información generada por personas de áreas no involucradas con la producción animal, quienes, en su gran mayoría, también pertenecen al medio urbano.
Uno de los ejemplos más absurdos es el mito de que las ‘gallinas’ o pollos reciben inyecciones de hormonas para ‘engordar’. Suponiendo que existiera algún tipo de hormona para aves, ¿se podría llegar a sospechar que los productores, ocultándose durante la noche, lograran inyectar más de 110 millones de toneladas (1) de pollos con hormonas, que ni siquiera existen?
De todos modos, esta enorme masa urbana representa la mayoría de los consumidores y está desinformada sobre la producción de proteínas de origen animal. Dicha desinformación puede surgir por intereses legítimos, cuando se refiere a la calidad y seguridad de lo que consumen las familias, o por intereses económicos, no tan legítimos.

Principales usos de los antibióticos en animales

Los antibióticos se utilizan tanto para humanos como para animales. Sin embargo, mientras que para los humanos su uso es profiláctico en algunos casos y terapéutico en la mayoría, el uso de antibióticos en animales es tanto profiláctico como terapéutico y para la mejora del desempeño.
Actualmente, la mayoría, sino todos los antibióticos mejoradores del desempeño, han recibido la autorización de diferentes organizaciones como, por ejemplo, ‘Codex Alimentarius’ de la Organización Mundial de la Salud, y de agencias gubernamentales en Canadá, Estados Unidos, Australia y Japón, entre otros.
Pese a que su uso no está permitido por parte de los productores europeos para mejorar el desempeño, la propia Agencia Europea de Medicamentos ha establecido el llamado Límite Máximo de Residuos (Maximum Residue Limit – MRL por su sigla en inglés) para dichos productos. O sea, siempre que se usen correctamente, dichos productos son seguros para los animales, para el medio ambiente y para los seres humanos.

Origen del uso de antibióticos para mejorar el desempeño

Una gran parte de los antibióticos se produce a través de procesos de fermentación. Un determinado microorganismo, capaz de producir naturalmente cierto antibiótico, se reproduce en medio de cultivo con proteínas, azúcares, aminoácidos, minerales, grasa e ingredientes específicos, para generar el material llamado micelio. Al final del proceso, el micelio es concentrado para poder separar la parte activa, que contiene el antibiótico, de la parte de nutrientes no consumida por los microorganismos.
Hasta principios de la década de 1950, los antibióticos disponibles eran básicamente la penicilina, las tetraciclinas, la estreptomicina y el cloranfenicol. Todos ellos eran derivados de fermentación, por lo cual se comenzó a usar el micelio restante de la fermentación para agregarle más nutrientes a la dieta de los animales.
Se observó, sin embargo, que el efecto de los micelios de la penicilina y de las tetraciclinas sobre el desarrollo de porcinos y aves era mayor que lo que se esperaba por efecto de la adición de los nutrientes aún presentes en el micelio. Surgió así la expresión ‘promotores del crecimiento’, expresión ésta que, pese a haber sido erróneamente bautizada, ya ha sido consagrada.
Con el pasar del tiempo y con el desarrollo de nuevas moléculas, se empezaron a usar otras substancias para mejorar el desempeño, como, por ejemplo, nitrofuranos, quinoxalinas, nuevas tetraciclinas y penicilinas, etc.
Debido a la preocupación de que el uso en animales pudiera generar bacterias resistentes a dichos antibióticos, y que se pudiera transferir esa resistencia a las bacterias causadoras de enfermedades en humanos, en la década de 1960, se elaboró en el Reino Unido el informe llamado ‘SWANN Report’.
Dicho documento recomendaba que el uso de los mejoradores del desempeño en el Reino Unido debía estar limitado a antibióticos que:
- Representen significativa ventaja económica para el crecimiento de los animales.
- Tengan poca o ninguna aplicación en terapéutica humana o animal
- No perjudiquen la eficacia de drogas terapéuticas por el desarrollo de cepas resistentes.
- Se sugería que residuos de antibióticos en las carnes no perjudicarían la salud humana.
- Se recomendaba que se interrumpiera el uso de drogas como tetraciclina, tilosina y sulfonamidas como mejoradores del desempeño.
Dicho informe sirvió de base para la legislación europea de la Directiva 70/524 que, en 1970, listó varios compuestos usados como aditivos de alimentos para animales, inclusive los antibióticos de la época, sus dosis, su modo de uso y demás detalles.
Como se puede observar en las páginas publicadas por autoridades como la Comunidad Europea, el Codex Alimentarius, Japón y otras entidades encargadas de confirmar la seguridad del uso de los productos que son inclusive normalmente encontrados en América Latina, y dado que los países de nuestro continente son miembros del Codex Alimentarius, el uso de las substancias aprobadas como mejoradores del desempeño es seguro para los consumidores.

Consecuencias de la prohibición de los mejoradores del desempeño

Desde 1986, cuando Suecia decidió prohibir el uso de antibióticos mejoradores del desempeño en su territorio, diversos países comenzaron a evaluar se ésta sería una política correcta para proteger la salud de la población. Con el ingreso de Suecia a la Comunidad Europea a fines de la década de 1990, y siguiendo la regla observada en dicha comunidad, aunque de forma parcial, los demás países también adoptaron dicha medida. Restaron así pocas moléculas que podían ser usadas para mejorar el desempeño.
La etapa siguiente sería la prohibición inclusive de los anticoccidianos, que nada tienen que ver con mejora del desempeño. Sin embargo, al observar que sería prácticamente imposible controlar enfermedades intestinales, como la enteritis necrótica, sin algunos de los mejoradores del desempeño al mismo tiempo que sin usar anticoccidianos, solamente el último mejorador del desempeño fue retirado del mercado en 2006 y los anticoccidianos permanecieron.
De todos modos, después de tantos años de críticas por parte de la prensa y con el público expuesto al miedo a través de la información incorrecta, la presión contra cualquier producto considerado ‘químico’ o ‘no natural’ se tornó inmensa y el uso de nuevas tecnologías se hizo cada vez más difícil.
Solo recientemente se le informó al público sobre el efecto de la reducción de productividad de los hatos de ganado en Europa por diversos motivos, entre los cuales, la limitación al uso de nuevas tecnologías que incluyen los mejoradores del desempeño. Debido al aumento en los costos de producción, en 2003, cada cabeza de ganado en Europa pasó a recibir un subsidio diario de £ 2,62 libras, acumulando así un total de £10,7 mil millones de libras recibidas por los productores europeos anualmente.

El uso responsable de los antibióticos en animales

Debemos tener en cuenta que, además de mejorar el desempeño de los animales, diversas substancias ya aprobadas también reducen el consumo de alimento (menor gasto de energía y combustible, menos desechos y menos metano en la atmósfera). En el ámbito de la propia Comunidad Europea, pese a que no se permite el uso, por ejemplo, de monensina para los bovinos, estudios locales han demostrado que, si se aplicara en solamente cuatro países de la Comunidad, el uso de monensina en bovinos reduciría el volumen anual de emisión de metano entre 140 y 190 millones de metros cúbicos (CEAS, 1991).
Aun considerando todos los argumentos anteriormente mencionados a favor del uso de antibióticos mejoradores del desempeño, es indispensable que dichas substancias sean usadas correctamente. En los últimos años ha aumentado la preocupación referente al aumento de resistencia a los antimicrobianos usados en humanos y su relación con el uso en animales.
La OMS, OIE, el Codex Alimentarius y varios gobiernos se han empeñado en recomendar lo que se ha dado en llamar el ‘uso responsable de antibióticos en animales’. La mejor forma para que nuestros productores sigan usando esas substancias se da a través del uso responsable.
Se puede observar el esquema recomendado y considerado modelo de la OIE, en la página web:

Conclusión

El uso de mejoradores del desempeño es seguro y aporta beneficios, tanto para los animales, como para los consumidores y el medio ambiente. La decisión sobre el uso de cada categoría de productos se debe tomar con base en evaluaciones científicas, como, por ejemplo, las evaluaciones existentes para antibióticos mejoradores del desempeño. Las decisiones deben tomar como base reglamentos que sigan instituciones de carácter neutro y alcance mundial, como es el caso del Codex Alimentarius.
Hay varias opciones de otras categorías con indicaciones similares, como, por ejemplo, los probióticos, prebióticos, extractos y aceites vegetales, o acidificantes.

Bioseguridad en granjas porcinas tecnificadas (Parte I)


La bioseguridad se entiende como aquellos procedimientos técnicos, medidas sanitarias y normas de trabajo aplicadas de forma lógica, encaminados a prevenir la entrada y/o diseminación de agentes infectocontagiosos a una explotación y cuyo principal objetivo es mantener la salud.
Introducción
Según el informe de la FAO en “Perspectivas Agrícolas 2014-2023”, se proyecta que la producción global de carne de cerdo solo aumente 1.1% anual, cantidad menor que la década pasada (2.1% anual). Y a pesar de la caída de los costos del forraje en el 2013, lo cual establecía un escenario de rentabilidad en el sector cárnico, el crecimiento de la oferta se ve obstaculizada por regulaciones sanitarias y ambientales más estrictas, y por los costos sostenidos de energía, agua y laborales; y la competencia de mercados (China, USA). Si a este escenario se le añade los efectos propios de la globalización, el mayor movimiento de operarios, cerdos, productos y alimento; los cuales implican un incremento de riesgos para la producción porcina, principalmente por las pérdidas económicas que ocasionan la difusión global de enfermedades virales como la Diarrea Epidémica Porcina, el Síndrome Reproductivo Respiratorio Porcino, la Influenza Porcina, entre otros; entonces el productor debe poner énfasis en la prevención de todo ello para poder ser competitivo en un mercado exigente en calidad e inocuidad.
Un componente clave en la prevención de enfermedades en granjas tecnificadas, es el desarrollo y concientización de la bioseguridad en las mismas.

Definición de bioseguridad
Si bien es cierto, la palabra “bioseguridad” aún no se encuentra definida en el diccionario de la Real Academia Española (RAE), es un término que se aplica en todos los niveles de salud, ya sea humano o veterinario. Es curioso este dato, pues al colocar la palabra “bioseguridad” en Google, se encuentran cerca de 415,000 resultados en 0.64 segundos.
La palabra bioseguridad literalmente se refiere a la “seguridad para la vida”, por ello se le considera un concepto muy amplio, que puede entenderse referido a todos aquellos procedimientos técnicos, medidas sanitarias y normas de trabajo aplicadas en forma lógica, encaminados a prevenir la entrada y/o diseminación de agentes infectocontagiosos a una explotación y cuyo principal objetivo es mantener la salud (Senasica, 2000). Especialistas en porcinos como Dagieu (2014) define la bioseguridad como “procesos diseñados para disminuir el riesgo de introducción y diseminación de agentes infecciosos”. Autores como Anderson (1988) y Toma et al. (1999) la definen como “un conjunto de medidas orientadas a prevenir el ingreso de problemas sanitarios a una instalación pecuaria”.
Por tanto, queda claro que la bioseguridad sigue siendo uno de los medios más importantes para reducir los riesgos de infección en los animales de crianza intensiva, ya que el control de las enfermedades puede llegar a ser sumamente costoso y, por lo tanto, afectan la rentabilidad de una granja. Sin embargo, no hay mucha información disponible para apoyar su viabilidad en las mismas.
De otro lado, sin eliminar totalmente los riesgos, un buen programa de bioseguridad y manejo, ayudan a proteger la salud del hato y con ello la certidumbre de obtener competitividad.

¿Cómo ingresan las enfermedades a una granja?
Las enfermedades que son causadas por diferentes agentes patógenos pueden ser llevadas a la granja a través de diferentes elementos, que los transportan de manera mecánica. Generalmente, el hombre es el principal vector para la introducción de enfermedades a una granja, por sí mismo o por su ropa, calzado, vehículo o equipo contaminado. Otros ejemplos de como pueden ingresar enfermedades son:

• Todo tipo de vehículos, pero en especial los que transportan cerdos, por la alta probabilidad de que contengan materia orgánica en sus pisos.
• Equipos como bebederos, comederos, material de inseminación, marcadores, etc.
• Fauna nociva, como roedores e insectos (moscas, mosquitos, cucarachas, arañas, etc.).
• Fauna silvestre ajena a la crianza, entre ellas especies como aves de vuelos libres y animales depredadores y/o deambulantes (perros, gatos).
• Productos de desecho como las excretas.
• El alimento y/o comida para el personal de la granja.
• Cerdos vivos de procedencia diferente.
• Las personas que recorren todas las granjas de la región en vehículos para recoger la mortalidad, animales enfermos, desechos y despojos sin importar las causas de la muerte para procesar los cadáveres que posteriormente comercializan de manera ilegal en mercados o carnicerías. Esta es una actividad prohibida que no se debe fomentar o permitir.



¿Qué medidas de bioseguridad se deben considerar?
Las medidas de bioseguridad que contribuyen a impedir el ingreso y diseminación de enfermedades a una granja porcina tecnificada, se pueden resumir en cinco puntos importantes: infraestructura, control de entradas, control de movimientos internos, control de salidas, y registros.

1. Infraestructura
Ubicación de la granja
La recomendación general es “mientras más lejos mejor”. Existen variaciones en términos de distancia según cada país; por ejemplo, Bolivia establece una distancia mínima de 2 km entre granjas de cerdos, Perú establece una distancia mínima de 1 km, Argentina establece 5 km entre granjas de cerdos y 3 km a un centro poblado, mientras que Costa Rica establece solo 0,5 km. La separación debe servir como una pantalla natural en la prevención de enfermedades. Además, la distancia entre vecinos es importante para evitar futuras quejas sobre los olores, las moscas, el ruido y la contaminación. Si se va a construir se debe tener en cuenta la localización de otras granjas, carreteras, basureros, rastros u otras fuentes de infección potencial para la piara.

Barreras naturales
Terrenos accidentados, cerros o filas continuas de árboles disminuyen en alguna medida la difusión de los agentes infecciosos a través del viento.

Cercos perimetrales
Los cercos perimetrales en correcto estado, impiden el ingreso de personas, medios de transporte y animales ajenos a cada unidad. El cerco puede ser una barda o cerca perimetral de malla ciclónica o muros que rodeen completamente la granja con la finalidad de impedir el paso de animales y personas ajenas a la unidad. En granjas de alto riesgo es recomendable contar con un área de amortiguamiento; es decir, una doble cerca perimetral que no permita asentamientos humanos o tránsito cerca de la granja.

Puerta de Acceso
Esta debe mantenerse cerrada de preferencia con candado para mantener controlado el ingreso a las instalaciones de la granja. Debe considerarse tener una o el mínimo de entradas y que estén siempre vigiladas, llevar actualizado el registro de entradas y salidas.

Área de desinfección de vehículos
Área que sirve para limpiar y desinfectar adecuadamente los vehículos que ingresan o salgan de la granja. Se recomienda la utilización de bombas aspersoras, ya que la sustancia química desinfectante a utilizar, debe alcanzar fácilmente las superficies a desinfectar (neumáticos, área exterior del vehículo y por debajo de los mismos). No son recomendables los rodoluvios ni arcos de desinfección, puesto que no llega a ser efectiva en lugares donde no hay contacto.
Señalización
Es importante contar con letreros para evitar la entrada de visitantes, colocados en lugares estratégicos y visibles a la entrada de la granja.
Agua
El agua deberá ser potable, es decir, con la calidad requerida para el consumo, en caso de tratarse de agua de pozo, río o pipa, esta deberá analizarse y, si es el caso, darle el tratamiento conveniente para utilizarla y consumirla. Los reservorios de agua deben lavarse y desinfectarse periódicamente cada tres o cuatro meses.

Unidad de cuarentena
Para la recepción de los animales de nuevo ingreso (pie de cría o reemplazo), deberán ser manejados por personal exclusivo, ubicándose de preferencia fuera de la granja y a una distancia que asegure, para su observación durante un lapso prudente, realizando las pruebas diagnósticas necesarias que garanticen la ausencia de enfermedades transmisibles. Actualmente, con los problemas virales, principalmente como PRRSv, se recomienda tener un stud de machos fuera de la granja que permita la producción de semen libre de patógenos.

Oficina
Se deberá ubicar cerca de la entrada principal con ventana en la barda perimetral para la atención exterior. Esta área se considera como zona sucia.

Baños
Ubicarlos dentro de la zona gris o de amortiguamiento debiendo contar con una entrada donde se deja la ropa de calle, zapatos, objetos personales; contar con casilleros, áreas de regaderas con agua caliente (baño húmedo); área limpia con ropa y zapatos de trabajo con salida a las unidades de producción. En algunas granjas altamente tecnificadas se recomiendan instalaciones para baño seco que consiste en cambiarse por ropa de tránsito y despojarse de ella en el baño húmedo, su localización deberá ser cerca de la barda perimetral u oficinas.

Silos y tanques de agua
Las tomas de los silos y los tanques de agua deben localizarse por fuera de la cerca o muro perimetral, de tal manera que puedan llenarse sin necesidad de que el camión o el conductor del vehículo ingresen a la unidad.

Rampa de carga y descarga
Se deberá contar con una rampa para carga instalada fuera de la cerca perimetral, con el fin de que los cerdos puedan ser embarcados a los camiones desde el corral de venta, o bien sean desembarcados a la unidad de cuarentena sin necesidad de que los camiones entren a la granja (área sucia).

Área de necropsias
Deberá ubicarse en un extremo de la unidad de producción tomando en cuenta el menor tránsito y los vientos dominantes. Asimismo, deberán contar con superficies que puedan ser lavadas, desinfectadas, y el suficiente material y/o equipo para toma y envío de muestras.
Área para eliminación de cadáveres y desechos orgánicos Esta deberá ubicarse junto al área de necropsias en donde se pueda realizar la incineración y enterramiento; evitando el impacto ecológico y respetando los mantos friáticos. No se deberán vender animales enfermos o muertos, ya que representan un alto riesgo de diseminación de enfermedades tanto para animales como para el humano.

Área de lavado de ropa de trabajo
Se ubicará en la zona gris y por ningún motivo esta ropa deberá salir de las instalaciones.


2. Control de entradas
El objeto del control de entradas y de los movimientos internos están enfocados a reducir al mínimo indispensable la entrada de personas, animales, vehículos, productos y cualquier material contaminado que represente riesgo sanitario.

Personal
Evitar visitas innecesarias y solo se permitirá el ingreso del personal indispensable, debiendo éste cumplir con las medidas de bioseguridad correspondientes. Es importante mencionar que el hombre es el principal difusor de enfermedades. El personal que labora en la granja deberá tener prohibido la crianza de cerdos en su casa. Se deberá tener control de las áreas comunes para evitar encuentros de personal de diferentes áreas recomendando el uso de ropa de diferente color por área. Otra restricción con el personal es que no deben ingresar cuando se encuentren enfermos de gripe, por la probabilidad de zoonosis.
Es importante mencionar, que el personal de granja debe cumplir con ciertos requisitos para tener una efectiva bioseguridad en granja. Racicot et al. (2012) realizó una evaluación de la relación entre los rasgos de la personalidad, experiencia, educación y el cumplimiento de la bioseguridad en granjas de aves, y determinó que el mal cumplimiento se relaciona con frecuencia con la falta de conocimiento y/o comprensión. Dicha información tiene implicaciones importantes para la selección de los solicitantes de empleo o la atribución de tareas, y para mejorar la eficacia de los programas de formación.

Periodo de descontaminación
El personal debe llevar a la práctica un tiempo de inactividad laboral antes de entrar a trabajar en la granja, no haber visitado otras unidades de producción porcina, centros de acopio y rastros. Las investigaciones han mostrado que no son necesarios los periodos de descanso muy extensos. Se recomienda a los asesores veterinarios, propietarios y cualquier persona que requiera ingresar a la granja o rastro, no haber tenido contacto con este tipo de instalaciones de 24 a 72 horas antes de su visita y cumplir con las medidas de bioseguridad personal. No debemos olvidar que los agentes infecciosos pueden ser transportados en las manos, cabello y boca, por ello es imprescindible, además de desinfectar la ropa, que el trabajador se bañe antes de entrar o retirarse de las instalaciones.

Objetos
Se debe dejar fuera de la granja todo objeto que no resista el tratamiento de desinfección obligado. Si los trabajadores necesitan introducir a la granja objetos de uso personal como bolígrafos, relojes, cámaras, etc., estos deberán ser desinfectados.

Vehículos
Todo vehículo que transporte cerdos, productos y subproductos o estén en contacto con rastros, mataderos, centros de acopio, etc., deberán arribar a la granja limpios y desinfectados. Es recomendable contar con un vehículo para uso interno exclusivamente. Si por causas de fuerza mayor un vehículo tiene que ingresar a la granja, debe seguir las siguientes instrucciones:
• Lavar el vehículo con agua a presión. Remover las excretas y basura adherida, raspando y/o cepillando. Es necesario poner atención en los bordes y ángulos.
• Rociar la estructura de la carrocería con desinfectante.
• A las ruedas del vehículo deberá darse igual tratamiento.
• También deberá asperjar con desinfectante el interior de la cabina del vehículo.
• El chofer no debe bajarse.

Alimentos
Se deben utilizar materias primas de alta calidad, de una empresa que garantice su inocuidad. En caso se compren subproductos de origen animal como harinas de carne, sangre y hueso, estas no deben ser de origen porcino. Es conveniente transportar el alimento en contenedores encostalados para su adecuado almacenamiento.

Animales
Los animales que ingresen a la granja deben provenir de granjas o empresas que cumplan con las normas oficiales sanitarias, con certificado de salud y libres de enfermedades. Solicitar al proveedor los estudios serológicos que descarten a posibles animales portadores de enfermedades en general y cuarentenarlos en áreas especiales dentro de la granja durante un tiempo prudencial (como mínimo 30 días).

Llegada de los cerdos a la granja
Evaluar la calidad sanitaria de los cerdos desde su inicio. Es importante se tenga la certeza de que estén libres de enfermedades. Establecer el calendario de vacunación y de desparasitación de acuerdo con el médico veterinario responsable.

miércoles, 4 de enero de 2017

Lawsonia intracellularis también puede producir enteritis proliferativa en pollos



Las únicas aves en las que se había detectado hasta ahora eran las ratites
La enteritis proliferativa producida por L. intracellularis es uno de los problemas habituales de las granjas de cerdos y afecta a numerosas especies de mamíferos. En aves sólo las ratites parecían sensibles a esta bacteria, pero un equipo japonés la ha detectado también en pollos.
Los que trabajan con porcino conocen bien a L. intracellularis (Li), la causa etiológica de la enteritis proliferativa en esa especie ganadera. Esta enfermedad es endémica en explotaciones porcinas y se ha detectado en otras muchas especies de mamíferos como caballos, hámsteres, conejos, ratas, cobayas, hurones, zorros, perros, ovejas, ciervos o primates no humanos. Sin embargo, en las aves sólo se había reportado en ratites: emús y avestruces. Diversos estudios afirmaban que esta bacteria no afectaba a los pollos, hasta ahora.
Sin embargo, un artículo* publicado por investigadores japoneses certifica su presencia en pollos con síntomas de enteritis proliferativa y que podría estar directamente relacionada con la enfermedad. En este nuevo estudio se han llevado a cabo análisis morfológicos y bacteriológicos de los intestinos de dos pollos con hemorragia intestinal resultado de enteritis focal producida por coccidios.
El examen histopatológico de las muestras reveló proliferación de las vellosidades epiteliales en intestino delgado y grueso, especialmente en los ciegos, independientemente de la presencia de lesiones producidas por coccidios. La tinción de las muestras mediante la técnica de Warthin-Starry y las pruebas de inmunohistoquímica con anticuerpos anti-Li revelaron la presencia de numerosas bacterias y/o antígenos en las vellosidades intestinales.
La visualización con microscopio electrónico de transmisión mostró formas alargadas y curvas, morfológicamente compatibles con Li en la zona apical del citoplasma de las células epiteliales del intestino. Finalmente, el análisis mediante PCR confirmó la presencia de la bacteria.
Estos resultados sugieren que L. intracellularis puede causar enteritis proliferativa, caracterizada por la proliferación de las vellosidades intestinales, en pollos.
*Ohta T, Kimura K, Katsuda K, Kobayashi H, Mikami O, Haritani M, Onodera T. Proliferative Enteropathy caused by Lawsonia intracellularis in Chickens. J Comp Pathol. 2016 Dec 26. pii: S0021-9975(16)30494-7. doi: 10.1016/j.jcpa.2016.11.274.

Control de los principales procesos gastroentéricos en porcino


Las diarreas son un signo clínico muy común en todas las etapas de la producción porcina y constituyen la principal manifestación clínica de muy diferentes infecciones que afectan al tracto gastrointestinal del cerdo, provocando una menor eficiencia en la conversión del alimento.
Ana Carvajal, Héctor Argüello, Sara Costillas, Lorena Álvarez, Rubén Miranda y Pedro RubioDpto. Sanidad Animal. Facultad de Veterinaria. Universidad de León
Las opciones para el tratamiento y el control de los principales procesos gastroentéricos del ganado porcino son relativamente limitadas e incluyen el uso profiláctico o terapeútico de agentes antimicrobianos y el empleo de vacunas. Determinadas medidas de manejo, como los sistemas todo dentro-todo fuera, los protocolos de limpieza y desinfección y el control de vectores son igualmente fundamentales. Tampoco se debe olvidar la importancia de la dieta, a la que se pueden incorporar complementos como ácidos, sulfato de cinc o pro y prebióticos.


Uso de antimicrobianos
El empleo de antimicrobianos de forma terapéutica, profiláctica o metafiláctica es una práctica habitual en las explotaciones porcinas afectadas por el complejo entérico en cualquiera de sus etapas de producción. Es importante conocer que su administración se asocia a cambios importantes en la composición de la microbiota digestiva así como al incremento de fenómenos de resistencia con importantes consecuencias en medicina veterinaria y en salud pública.
En el caso de las infecciones causadas por E. coli existe un amplio rango de antimicrobianos que pueden ser empleados para el control. Sin embargo, existen grandes variaciones en lo que respecta al espectro de sensibilidad, por lo que resulta altamente recomendable la confirmación del diagnóstico mediante el cultivo y aislamiento, seguido de la realización de test de sensibilidad in vitro con el fin de elegir el antimicrobiano más adecuado en cada situación particular. Además, dado que las cepas de E. coli causantes de enfermedad entérica son indistinguibles en estos cultivos de los aislados apatógenos, resulta necesario confirmar el diagnóstico mediante el virotipado o identificación de la presencia de uno o más factores de virulencia. Aunque rutinariamente en muchos laboratorios esta identificación de factores de virulencia se lleva a cabo de forma preliminar mediante la demostración de la inducción de hemólisis en medios con sangre, los métodos moleculares, basados en técnicas de PCR para la detección de genes que codifican para adhesinas fimbriales y enterotoxinas son, sin lugar a duda, los más adecuados. La tabla 1 muestra la proporción de aislados resistentes a algunos de los antimicrobianos de uso habitual en aislados de E. coli obtenidos en explotaciones porcinas con cuadros de diarrea. En cualquier caso, los programas de control de diarreas causadas por E. coli llevarán siempre asociadas actuaciones para reducir la contaminación ambiental mediante una adecuada higiene, así como para mejorar la capacidad de respuesta del lechón frente a estas infecciones, proporcionando una temperatura ambiental adecuada, y la transferencia de inmunidad pasiva desde la cerda hacia el lechón (correcto aporte de calostro y leche).
En las infecciones por Clostridium, los antimicrobianos se emplean principalmente de forma profiláctica, administrándose bien a los lechones antes de la aparición de los signos clínicos, o a las cerdas lactantes. Una vez que aparecen los signos clínicos, el daño intestinal ya es severo y generalmente irreversible. Se pueden emplear beta-lactámicos o cefalosporinas en las infecciones por C. perfringens y también tilosina, tilmicosina, tetraciclinas, eritromicina o virginiamicina en las infecciones causadas por C. difficile.
La infección por Lawsonia intracellularis se asocia a diarrea, más o menos aparente, en cerdos en transición o cebo y altera los índices productivos. Solo en casos graves da lugar a un cuadro clínico agudo de enteropatía hemorrágica proliferativa con una mortalidad elevada de los cerdos afectados.
En consonancia con la variedad de cuadros clínicos y lesionales asociados a esta infección, existen diferentes abordajes de quimioprofilaxis o quimioterapia. Los estudios de sensibilidad no pueden llevarse a cabo de forma rutinaria por tratarse de una bacteria intracelular obligada. En general, los macrólidos, lincosamidas, tetraciclinas y pleuromutilinas son eficaces mientras que L. intracellularis es resistente o poco sensible a aminoglucósidos y aminociclitoles como la neomicina, gentamicina o apramicina. En las explotaciones donde la infección es endémica pueden emplearse tilosina (100 ppm), lincomicina (110 ppm), clortetraciclina (200 ppm) o tiamulina (50 ppm), administrados en la dieta entre las 4 y las 8 semanas de edad, con el fin de minimizar las consecuencias económicas de esta infección, aunque es importante tener en cuenta que los tratamientos continuados pueden asociarse con la reaparición de la enfermedad clínica tras la retirada de la medicación. Cuando existen casos agudos se debe realizar un tratamiento por vía oral o parenteral y durante 14 días a los animales afectados y a sus contactos, empleando estos mismos antimicrobianos a dosis semejantes o, generalmente, más elevadas.
La infección por S. enterica puede asociarse a un cuadro entérico, causado por diversos serovares y muy particularmente por S. enterica serovar Typhimurium, o a una forma sistémica causada por S. enterica serovar Cholerasuis. Otros muchos serovares de S. enterica infectan a los cerdos sin que existan manifestaciones clínicas, aunque todos ellos son importantes como problema de salud pública. Es por ello que la detección de aislados de S. enterica en muestras de heces de cerdos con diarrea no debe llevar asociada de forma inmediata la instauración de un tratamiento antibiótico. Es necesario llevar a cabo el serotipado, con el fin de identificar la salmonela implicada. Además, la resistencia y la multirresistencia son fenómenos muy frecuentes en los aislados de salmonela porcinos en nuestro país, tal y como se muestra en la tabla 2.
Entre los principios activos habitualmente empleados en nuestro país para el tratamiento de la infecciones por espiroquetas intestinales y particularmente para el tratamiento de la disentería porcina se encuentran antibióticos del grupo de las pleuromutilinas como la tiamulina y la valnemulina, macrólidos como la tilosina y la tilvalosina, también conocida como aivlosin, y licosamidas como la lincomicina. La elección del antibiótico constituye un punto crítico de gran importancia ya que, tal y como se muestra en la tabla 3, la proporción de aislados resistentes o con sensibilidad reducida a algunos de estos antimicrobianos es significativa y además se ha incrementado en los últimos años en nuestro país. A pesar de que la realización de pruebas de sensibilidad requiere del trabajo de un laboratorio con experiencia en el aislamiento y cultivo de estas bacterias anaerobias, así como de un coste importante y cerca de un mes para proporcionar resultados, la inclusión rutinaria de estos antibiogramas en los protocolos de control de la disentería porcina es recomendable. En lo que respecta a la vía de administración, ante la primera presentación de la enfermedad en una explotación podemos emplear medicación en agua de bebida durante un periodo mínimo de 10 días o en el pienso durante un periodo algo superior, más de dos semanas, conjuntamente con el tratamiento parenteral de aquellos animales más afectados. Tras este primer tratamiento, es habitual medicar el pienso durante 2-4 semanas adicionales, a dosis más bajas, con el fin de prevenir reinfecciones.
 

Vacunas
No son muchas las opciones disponibles para el control del síndrome entérico mediante inmunoprofilaxis. Cabe destacar el empleo de vacunas para la prevención de diarreas por E. coli en lechones lactantes, la vacunación frente a L. intracellularis y el empleo de autovacunas, recientemente introducidas, para el control de la disentería porcina.
En lo que respecta a las gastroenteritis de etiología vírica, podemos destacar que no existen en nuestro país vacunas comercializadas frente a ninguno de los tres principales agentes. La incidencia de la gastroenteritis transmisible es mínima en Europa y, al contrario que en América, no justifica el registro y comercialización de vacunas. Tampoco existen vacunas registradas frente al virus de la diarrea epidémica porcina. A pesar de que en algunas explotaciones esta infección puede hacerse endémica, generalmente aparece en forma de brotes esporádicos en los que la estimulación de la inmunidad en las cerdas mediante su exposición a las heces y contenido intestinal de animales afectados suele ser suficiente para limitar el impacto de la enfermedad en los lechones. Por su parte, los rotavirus están presentes en la práctica totalidad de las explotaciones porcinas y habitualmente las cerdas de una granja transfieren a los lechones inmunidad frente a los rotavirus presentes en la misma, por lo que no son habituales los problemas generalizados. La práctica más habitual, en este caso, es la exposición de las cerdas primerizas a las heces de lechones lactantes y recién destetados, en los meses anteriores al parto, con el fin de estimular la inmunidad.
La colibacilosis en lechones lactantes se asocia a cepas de E. coli enterotoxigénicas (ETEC) que producen enterotoxinas tras adherirse y colonizar la mucosa intestinal. Esta adhesión está mediada en los lechones por las fimbrias F4 (K88), F5 (K99), F6 (987P) o F41. La inmunización de las madres, particularmente de las cerdas primerizas, con vacunas que contengan estas adhesinas así como enterotoxinas, protege de forma efectiva a los lechones siempre y cuando podamos asegurar una adecuada transferencia de los anticuerpos maternales. Existen vacunas comerciales inactivadas que incorporan bacterias completas o fimbrias purificadas y enterotoxinas que se emplean en las cerdas, administrándose a las 6 y 2 semanas antes del parto. En aquellos casos en que estas vacunas comerciales demuestren una escasa eficacia, se deberá llevar a cabo un completo diagnóstico etiológico, identificando los virotipos de E. coli implicados, pudiéndose desarrollar autovacunas a partir de los mismos. En el caso de las diarreas posdestete asociadas a E. coli es necesario llevar a cabo protocolos de inmunización activa, habiéndose empleado con éxito vacunas vivas.
La vacunación de las cerdas empleando toxoides es eficaz en la prevención de la enteritis hemorrágica del lechón, causada por C. perfringenstipo C, o la enteritis necrótica asociada a C. perfringens tipo A. En cualquier caso, la vacunación de las madres deberá acompañarse siempre de adecuadas medidas de limpieza y desinfección de las parideras y de la ubre con el fin de disminuir la presión de infección sobre los lechones.
Existe una vacuna comercial atenuada que puede emplearse para minimizar los efectos económicos de la enteropatía proliferativa. Empleada en lechones induce una inmunidad que protege al cerdo durante el periodo normal de cebo. Dado que la gran mayoría de las explotaciones porcinas están infectadas por L. intracellularis resulta de utilidad la realización de seroperfiles con el fin de decidir el momento óptimo para vacunar cada explotación. Se administra por vía oral y es importante evitar el uso de antibióticos en los animales por un periodo mínimo de tres días antes y después del día de la vacunación con el fin de evitar su inactivación.
Aunque no existen vacunas comerciales para el control de las infecciones por espiroquetas intestinales del cerdo, desde hace unos años se están empleando autovacunas para el control de la disentería porcina. Pueden emplearse en los lechones a partir del destete para proteger a los animales durante el cebo o también aplicarse a las reproductoras antes del parto. Los estudios realizados demuestran que reducen de forma considerable el cuadro clínico y la eliminación fecal de B. hyodysenteriae, así como el consumo de antimicrobianos en las granjas infectadas.

Preparación de autovacunas frente a B. hyodysenteriae.
 
Nuevas opciones de control
La composición de la dieta tiene un efecto notable en la aparición y forma de presentación del síndrome entérico. Así, por ejemplo, las dietas con elevada concentración de polisacáridos no amiloideos que son fermentados en el intestino grueso favorecen la aparición de cuadros de colitis como la disentería porcina. Por el contrario, la restricción de la ingestión de pienso o las dietas con alto contenido en fibra y menor proteína bruta y menor energía digestible minimizan las diarreas posdestete por E. coli.
Igualmente, existen muy diversos aditivos que incorporados en la alimentación pueden colaborar en el control del complejo entérico. La adición de ácidos orgánicos al agua de bebida o al pienso de cerdos en transición disminuye la incidencia de diarreas postdestete por E. coli o por Salmonella. Igualmente, la incorporación de óxido de cinc en el pienso reduce la diarrea, la mortalidad y mejora el crecimiento en esta misma etapa.
Un nuevo bloque de medidas de control está constituido por los probióticos, prebióticos y simbióticos. La administración de bacterias beneficiosas que colonicen el tracto digestivo permite llevar a cabo exclusión competitiva, en este mismo hábitat, de muy diferentes bacterias patógenas y estimula, al mismo tiempo, el sistema inmunitario intestinal. Nuestra experiencia indica que el empleo de probióticos resulta de gran utilidad en el control de diarreas neonatales, evitando el empleo de antibióticos en esta fase. Otros trabajos demuestran igualmente su utilidad en las diarreas en la etapa de transición, pero son necesarias más investigaciones para conocer su posible aplicación en procesos como la disentería porcina. En este sentido, nuestro grupo de investigación ha identificado bacterias del ácido láctico con importante actividad anti-Brachyspira in vitro. También los prebióticos, ingredientes no digestibles que afectan beneficiosamente al organismo mediante la estimulación del crecimiento y actividad de la microbiota beneficiosa, han demostrado efectos positivos en el control del síndrome entérico en diversas etapas de la producción porcina, pudiendo emplearse solos o de forma combinada, conjuntamente con probióticos, constituyendo los denominados simbióticos.

Bibliografía
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García-Feliz, C., Collazos, J.A., Carvajal, A., Herrera, S., Echeita, M.A., & Rubio, P., 1008. Antimicrobial resistance of Salmonella entérica isolates from apparently healthy and clinically ill finishing pigs in Spain. Zoonoses and Public Health, 55: 195-205
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Hidalgo, A., Osorio, J.M., Pappaterra, G.J., Llanos, A., Marca, J., Ferro, A., Hernández-Caravaca, I., Carvajal, A. & Rubio, P., 2008. Control of swine dysentery with an inactivated autovaccine against Brachyspira hyodysenteriae in a multiplier herd. International Pig Veterinary Society Congress, Durban (Sudáfrica).
Osorio, J.M., Hidalgo, A., Pappaterra, G.J., Llanos, A., Marca, J., Ferro, A., Dávila, C., Carvajal, A. & Rubio, P., 2008. Control of swine dysentery with an autogenous bacterin of Brachyspira hyodysenteriae in Iberian pigs. International Pig Veterinary Society Congress, Durban (Sudáfrica).

Imagen de microscopía electrónica del efecto anti-Brachyspira de una bacteria del ácido láctico.
Imagen de microscopía electrónica del efecto anti-Brachyspira de una bacteria del ácido láctico.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Efectos de la suplementación probiótica en cerdas primíparas


Las cerdas suplementadas con probióticos mostraron una mejoría significativa en términos productivos y de salud.

Objetivo

Se realizó una prueba para evaluar los efectos de la suplementación de un probiótico de Enterococcus faecium DSM 7134 – Provitamol – sobre los siguientes parámetros: ganancia de peso,consumo de pienso, tamaño de la camada, peso de la camada, estado de salud y perfil microbiológico.

Material & métodos

Animales e instalaciones
  • Se utilizaron 33 cerdas primíparas (Landrace alemana) en un sistema de parto continuo.
  • Las cerdas fueron asignadas a los tratamientos I (control) o II (Provitamol)
  • Se asignaron 16 cerdas al grupo I y 17 al grupo II.
  • El ensayo se desarrolló entre el día 90 de gestación y el día 28 de lactancia.
  • Se suministró pienso y agua a las cerdas con comederos y bebederos individuales instalados.
Dieta : Todas las cerdas recibieron un pienso completo especialmente formulado de acuerdo con los requerimientos en cada etapa: gestación o lactancia (NRC, 1998).
  • Desde el día 90 al 109 de gestación, se proporcionó una dieta de gestación de 2,8 kg / cerda / día.
  • Desde el día 110 de gestación hasta el final del ensayo, las cerdas fueron alimentadas ad libitum con la dieta de lactancia, cuyos ingredientes principales fueron trigo, cebada y harina de soja.
Se incluyó Enterococcus faecium DSM 7134 como aditivo en el pienso completo de las cerdas reproductoras.
  • El producto (Provitamol, Molimen- Sant Feliu, Barcelona) se añadió a la alimentación en una concentración de 5 x 108 UFC/ kg de pienso como premezcla.
 Cálculos y análisis estadísticos
Los datos se evaluaron mediante análisis de varianza utilizando el procedimiento GLM del paquete de software SAS (versión 6.08, 1989).
Se compararon los efectos significativos de los tratamientos con la prueba de Student-Newman-Keuls (SNK) ajustada por covarianza al peso corporal de cerda y tamaño de camada estándar.

Resultados

Tabla 1. Rendimientos de las cerdas y lechones ( media ± desviación estándar)
1/ Peso vivo de las cerdas
El desarrollo de peso de las cerdas durante el ensayo se muestra en la Tabla 1. Se observaron diferencias significativas a lo largo del ensayo entre los animales control y las cerdas tratadas con probióticos.
  • Desde el día 90 hasta el día 110 de la gestación, las cerdas del grupo control obtuvieron un promedio de 12 kg, mientras que las del grupo probiótico ganaron 16 kg de peso.
  • Esta diferencia se mantuvo más o menos durante el resto del ensayo, dando lugar a diferencias de peso significativas en las fechas claves posteriores: día 110 de gestación, parto y día 28 de la lactancia.
  • Al final de la lactancia, la diferencia de peso entre los dos grupos fue de 11 kg a favor del grupo tratado con probiótico.
2/ Número de lechones nacidos vivos
Se dieron diferencias significativas en el número de lechones nacidos vivos, con 7,7 lechones en el grupo de control y 9,2 lechones en el grupo que recibieron enterococcus (Tabla 1).
3/ Perfil microbiológico
El análisis estadístico de los contaje bacteriano en heces no reveló diferencias significativas entre las cerdas de los dos grupos o sus lechones (Tabla 2).
  • Entre la flora principal, los niveles de lactobacilos y anaerobios Gram-positivos fueron ligeramente mayores en el grupo control, mientras que en las concentraciones de anaerobios Gram-negativos no se registraron diferencias.
  • La concentración de enterococcus no cambió entre los dos grupos, mientras que la concentración de E. coli fue ligeramente inferior en el grupo tratado con Provitamol.

Tabla 2. Resultados de los análisis bacteriológicos fecales*

Conclusión

En términos productivos:
Las cerdas suplementadas con probióticos mostraron una mejoría significativa en:
  • ingesta (4,16 vs. 3,71 kg / día),
  • tamaño de la camada (9,2 vs. 7,7 lechones)
  • y rendimiento de peso, siendo el peso vivo promedio de las cerdas probióticas al día 28 de lactación fue 11 kg más alto que el de los controles.
En términos de salud:
  • No aumenta la liberación de bacterias de E. coli en el medio ambiente, ni existe el riesgo de extender el pool genético por rasgos de patogenicidad.
  • Disminuye la mortalidad de los lechones durante el período de lactancia y el número de lechones destetados aumenta.
  • La necesidad de medicamentos disminuye por la marcada mejora en la salud animal. Y además, durante el período crítico periparto, la temperatura corporal es ligeramente inferior en las cerdas que reciben el probiótico un factor positivo porque probablemente este efecto se puede atribuir a una mejora general del sistema inmunológico.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Avances recientes hacia la aplicación comercial de la transferencia de embriones en la especie porcina


Es una técnica todavía no extendida en porcino debido a sus dificultades técnicas
En la actualidad existe una técnica simple y eficaz para transferir los embriones en la profundidad de un cuerno uterino de las cerdas receptoras por vía no quirúrgica y en los últimos años se han realizado importantes avances en la conservación de embriones porcinos, lo cual podría abrir la puerta al empleo industrial de la transferencia de embriones en cerdas.
Cristina A. Martínez, Emilio Martínez y María A. GilDepartamento de Medicina y Cirugía Animal. Universidad de Murcia. 30100 Murcia. España
El principal reto de la industria porcina es optimizar la producción de carne de cerdo y al mismo tiempo garantizar la sostenibilidad y un coste eficiente. Por ello, el sector porcino exige cada día más esfuerzos para aumentar los rendimientos productivos y la competitividad nacional e internacional. Estos esfuerzos se traducen en una mayor tecnificación de las explotaciones para poder hacer frente a las demandas del mercado. En este sentido, el empleo de tecnologías reproductivas innovadoras ocupa un lugar destacado en la planificación a corto, medio y largo plazo de las empresas del sector. Entre estas tecnologías cabe destacar la transferencia de embriones (TE) que, pese a ser demandada por el sector desde hace más de medio siglo, todavía no se ha implementado debido a las dificultades técnicas que se han encontrado durante su desarrollo.
La utilización comercial de la TE aportaría indudables beneficios para el sector porcino, tanto en las empresas de genética productoras de los embriones como en las receptoras de los mismos. Algunos de los beneficios que comportaría el uso de la TE en las empresas de genética serían los siguientes:
  • Abastecimiento de animales (en forma de embriones) de alto nivel genético, directamente desde los núcleos de selección de las empresas de genética a los núcleos cerrados de los clientes, sin limitaciones de tipo temporal y con las máximas garantías sanitarias.
  • Eliminación del transporte de animales vivos. Esto evitaría problemas asociados con el bienestar animal y reduciría el coste del transporte.
  • En el caso de utilizar técnicas de criopreservación embrionaria se podría conservar de manera indefinida el material genético de una empresa, algo que puede ser fundamental ante eventuales crisis sanitarias.
Por su parte, las empresas receptoras de los embriones se beneficiarían en los siguientes aspectos:
  • Utilización del material genético con la máxima calidad sanitaria.
  • Reducción de costes relacionados con la adaptación de los animales a sus explotaciones.
  • Reducción del retraso genético respecto a los núcleos de selección.
  • Simplificación de la gestión genética de los animales presentes en sus núcleos de selección o multiplicación.
Pese a la trascendencia de dichas aplicaciones comerciales, durante décadas el empleo de la TE en la especie porcina ha sido prácticamente una utopía, debido fundamentalmente a dos factores: (I) la necesidad de emplear técnicas quirúrgicas para la deposición de los embriones en las hembras receptoras; (y II) los problemas encontrados para conservar los embriones de esta especie. Sin embargo, la situación ha cambiado radicalmente en la última década y hoy en día se dispone de una tecnología para transferir los embriones por vía no quirúrgica, además de procedimientos para la conservación de los embriones a corto y largo plazo.

Desarrollo de un procedimiento para transferir los embriones por vía no quirúrgica

Después del primer intento sin éxito para transferir embriones por vía no quirúrgica (Polge y Day, 1968), esta técnica se consideró imposible durante muchos años. El principal problema para introducir un catéter en el interior del tracto genital de una cerda radicaba en la compleja anatomía del conducto cervical y la longitud y sinuosidad de los cuernos uterinos (figura 1).
Figura 1. Vista general del tracto reproductor de la cerda. Se pueden observar las diferentes regiones del aparato genital (A) y la porción interior del canal cervical y del cuerpo del útero (B).
Aunque en la década de los 90 se desarrollaron algunos procedimientos para transferir embriones por vía no quirúrgica, ninguno de ellos ofreció resultados prometedores de fertilidad y prolificidad (Hazeleger y Kemp 2001; Martínez y cols., 2001a). En todos esos procedimientos se logró superar el conducto cervical y transferir los embriones no más allá del cuerpo del útero. No obstante, el cuerpo uterino de la cerda no es el lugar más apropiado para depositar los embriones, ya que las tasas de gestación son muy inferiores (12 %) a cuando los embriones se depositan en la parte media (88 %) o en el tercio anterior (82 %) de un cuerno uterino (figura 2; Wallenhorst y Holtz, 1999).
Figura 2. Resultados de gestación tras la transferencia quirúrgica en distintas porciones del útero.
Por ello, era necesario desarrollar un nuevo procedimiento para transferir los embriones en la profundidad de un cuerno uterino. Básicamente, se necesitaba disponer de un catéter con la fuerza de propulsión suficiente para atravesar el conducto cervical, y la flexibilidad adecuada para progresar a lo largo de un cuerno uterino sin perforar su pared. En el año 2000 nuestro grupo de investigación de la Universidad de Murcia desarrolló un sistema para la cateterización intrauterina profunda en la especie porcina sin sedar a las cerdas y sin perturbar su bienestar (figura 3; Martínez y cols., 2001 a, b).
Figura 3. Silueta del catéter de transferencia no quirúrgica de embriones (A) en el interior de un aparato genital de la cerda obtenido en matadero (B y C) o usando laparoscopia (D) o laparotomía (E). El asterisco se sitúa encima de la punta del catéter de inseminación artificial en la entrada del cuello uterino. La flecha marca una porción del catéter de transferencia de embriones.
Con este sistema es posible atravesar el conducto cervical y alcanzar la profundidad de un cuerno uterino en el 90 % de las cerdas receptoras, en menos de cinco minutos, a los 4-6 días después del comienzo del estro (Martínez y cols., 2005). Las receptoras toleran bien el procedimiento (más del 90 % no presentan ningún tipo de reacción durante la inserción del catéter) y el uso de medidas asépticas previene la presencia de infecciones uterinas postransferencia. Los resultados obtenidos hasta el momento indican que este nuevo sistema puede utilizarse de forma sencilla, económica y práctica para la TE por vía no quirúrgica en la especie porcina.
En los primeros ensayos con esta técnica se obtuvieron índices aceptables de fertilidad y prolificidad (75 % y 7 lechones nacidos; Martínez y cols., 2004). Con las mejoras introducidas en el procedimiento, dichos resultados se han incrementado sustancialmente (80 % y 9,5 lechones nacidos; Ángel y cols., 2014a, b), incluso con el empleo de embriones conservados in vitro durante 24 h (Martínez y cols., 2014) o vitrificados (Martínez y cols., 2015).

Factores que afectan a la eficiencia de la transferencia no quirúrgica de embriones frescos

Recientemente se ha evaluado el efecto de diferentes factores que afectan la eficiencia final de la transferencia no quirúrgica de embriones y por tanto a las posibilidades de la implementación de esta técnica a nivel comercial. Entre dichos factores destacan la superovulación de las cerdas donantes y el grado de sincronía entre donantes y receptoras.
Teniendo en cuenta la tasa de ovulación normal en la cerda (15-25 ovocitos) y el número de embriones necesarios por transferencia quirúrgica (15-23 embriones; Polge, 1982; Cameron y cols., 1989) o no quirúrgica (24-30 embriones; Hazeleger y cols., 2000; Martínez y cols., 2004), se podría estimar que la proporción teórica donante:receptora es de 1:1. Sin embargo, en la práctica existen varios factores que establecen el número final de embriones obtenidos por cerda donante: las tasas de gestación y de fecundación, el estadio de desarrollo embrionario, la calidad embrionaria o las tasas de recuperación. Estos factores determinan que normalmente se necesiten entre 2 y 2,5 cerdas donantes por cada receptora. Una posibilidad para disminuir esa proporción es superovular las cerdas donantes con gonadotrofina coriónica equina (eCG). Para ello, las cerdas donantes se tratan con 1.000 UI de eCG a las 24 h del destete. A las cerdas que muestran síntomas de estro a las 48-72 h tras la administración de eCG se les administran 750 UI de gonadotrofina coriónica humana (hCG) al inicio del estro, se inseminan dos veces y sobre el día 5 o 6 (el día 0 es el inicio del estro) del ciclo se someten a una laparotomía para obtener mórulas o blastocistos, respectivamente (figuras 4 y 5).
Figura 4. Protocolo de superovulación en cerdas donantes destetadas con gonadotrofina coriónica equina (eCG) y humana (hCG). La foto inferior corresponde a los ovarios en día 6 del ciclo de una cerda superovulada, donde se puede observar la presencia de un gran número de cuerpos lúteos.
Figura 5. Cronología del desarrollo embrionario temprano en la cerda y días recomendados para la obtención de embriones.
Con este protocolo de superovulación, en cerdas de raza pura Duroc se ha conseguido incrementar significativamente el número total de cuerpos lúteos, embriones y embriones transferibles sin afectar a los porcentajes de ovocitos no fecundados o embriones degenerados, en comparación con el grupo control (cerdas no superovuladas; Ángel y cols., 2014a). Recientemente se han publicado resultados similares utilizando otras razas (Pietrain) o líneas (Landrace-Large White) porcinas (Cuello y cols., 2016a) (figura 6). Además, la fertilidad y prolificidad tras la transferencia no quirúrgica fueron similares entre los embriones control (72,7 % y 9,0 ± 0,9 lechones nacidos) y los superovulados (73,3 % y 9,3 ± 1,2 lechones nacidos) (Ángel y cols., 2014a). Todos estos resultados indican que el número de donantes por receptora puede disminuirse mediante la utilización de protocolos de superovulación. Asimismo, se ha comprobado que la eficiencia de la superovulación no se ve afectada por el número de partos de la donante (entre dos y siete), la estación del año (otoño, invierno y primavera) o por el intervalo destete-estro (3 o 4 días). Estas observaciones son sumamente importantes, ya que la posibilidad de utilizar cerdas donantes con un amplio rango de partos y durante un periodo prolongado simplifica notablemente la aplicación de los programas de TE en los núcleos de donantes.
Figura 6. Respuesta superovulatoria en cerdas de raza Pietrain (A), Duroc (B) y Landrace × Large White (C).
Otro factor que se ha evaluado es el efecto de la sincronía entre donantes y receptoras sobre los resultados reproductivos de las cerdas receptoras tras la TE (Ángel y cols., 2014b). En ese estudio se obtuvieron tasas bajas de gestación cuando las receptoras comenzaron el estro 24 h antes (-24 h) que las donantes. Los mejores resultados de gestación y parto se alcanzaron con receptoras que iniciaron el estro 24 h después (+24 h) que las donantes. Cuando los resultados de ese experimento se analizaron según el estadio embrionario transferido, una asincronía de +24 h fue adecuada tanto para mórulas como para blastocistos. Sin embargo, una asincronía de +48 h fue apropiada para transferencias realizadas con blastocistos pero no con mórulas, probablemente porque en este último caso las receptoras se encuentran en el día 3 del ciclo y algunas de ellas están todavía en celo (Ángel y cols., 2014b).

Transferencia no quirúrgica con embriones preservados

En la actualidad se pueden utilizar dos sistemas de conservación de embriones para su posterior transferencia a las receptoras: (I) la preservación embrionaria en estado líquido durante un periodo reducido de tiempo; (y II) la criopreservación indefinida de los embriones mediante vitrificación.

Transferencia no quirúrgica con embriones conservados en estado líquido

El método de conservación de los embriones en estado líquido durante pequeños periodos de tiempo es el cultivo in vitro, lo que implica que los embriones continúan su desarrollo. En este punto es importante resaltar que, por razones sanitarias, durante el transporte y la transferencia los embriones deben estar rodeados por una zona pelúcida intacta. Esta estructura les protege de contaminantes patógenos y garantiza su transporte con el mínimo riesgo de transmisión de enfermedades. Por tanto, el estadio más apropiado para la TE comercial se limita al de mórula o blastocisto no eclosionado, ya que estadios más tempranos de desarrollo deben transferirse en el oviducto y no se pueden utilizar para transferencia uterinas.
Se sabe que un periodo de 6 h entre la obtención de los embriones y su transferencia no perjudica la supervivencia in vitro e in vivo de los mismos, y que se pueden obtener unos resultados satisfactorios de gestación y parto (Martínez y cols., 2004; Ángel y cols., 2014a,b). Este tiempo es suficiente cuando las cerdas receptoras se encuentran en un lugar próximo a las hembras donantes.
En algunos casos, un periodo de 24 h entre la obtención de los embriones y su transferencia es suficiente para posibilitar su transporte regional, nacional e incluso internacional. En este sentido, utilizando transferencias quirúrgicas se obtuvieron resultados aceptables de fertilidad (50-60 %) y prolificidad (5-8 lechones) tras el transporte transoceánico de los embriones (James y cols., 1980, Niemann y cols., 1989). Recientemente se ha demostrado que las mórulas o blastocistos tempranos conservados durante 24 h en un medio químicamente definido presentan elevadas calidad y supervivencia in vitro (Rubio Pomar y cols., 2004; Martínez y cols., 2014) e in vivo tras la transferencia no quirúrgica en la profundidad de un cuerno uterino (Martínez y cols., 2014). Además, ninguno de los embriones cultivados en los grupos experimentales eclosionaron durante el cultivo. Esto es de suma importancia por las razones sanitarias indicadas anteriormente (figura 7).
Figura 7. Desarrollo de embriones en estadios de mórula o blastocisto temprano (fotos de la izquierda) tras 24 h de conservación en un medio químicamente definido a 37 °C. Obsérvese el retraso de desarrollo de dichos embriones comparados con los controles (fotos de la derecha).
En la actualidad, nuestro grupo está evaluando la posibilidad de incrementar el tiempo de conservación de mórulas y blastocistos en estado líquido durante 72 h y los resultados preliminares son esperanzadores. Este sistema de conservación podría constituir una alternativa a la utilización de embriones vitrificados. Aunque no cabe duda de las innumerables ventajas de conservar los embriones durante un tiempo indefinido en nitrógeno líquido (N2L), el procedimiento no está exento de algunas desventajas como: (I) las estrictas normas del transporte aéreo de contenedores de N2L, reguladas por la International Air Transport Association (IATA, 2013); (II) el riesgo elevado de desvitrificación cuando se utilizan contenedores de nitrógeno seco durante el transporte aéreo; (y III) la necesidad en la granja de destino de disponer de tanques y N2L para realizar la manipulación de las pajuelas vitrificadas antes del calentamiento, lo cual no siempre es posible. Estos inconvenientes son los que han motivado la búsqueda de alternativas para conservar los embriones en ausencia de N2L durante un tiempo suficientemente largo desde su obtención en la granja de origen hasta su transferencia en la granja receptora.

Transferencia no quirúrgica con embriones vitrificados

Aunque la conservación en estado líquido puede permitir el transporte de los embriones desde la granja de origen hasta la receptora, y pese a los problemas señalados anteriormente, se prefiere la conservación embrionaria a largo plazo. Hasta el momento, la vitrificación es el único método eficiente para criopreservar los embriones de porcino. Los progresos efectuados durante los últimos 15 años han dado lugar a tasas elevadas de supervivencia in vitro después del calentamiento de los embriones porcinos vitrificados en el estadio de mórula (>80 %) y blastocisto (>90 %) sin ningún tipo de tratamiento previo (Martínez y cols., 2013a). A pesar de esos excelentes resultados in vitro, hay pocos estudios sobre la supervivencia in vivo de este tipo de embriones (Martínez y cols., 2016a), probablemente debido al esfuerzo y costes asociados con la obtención de un número elevado de embriones en esta especie. No obstante, los resultados publicados en alguno de esos estudios indican que con ese tipo de embriones es posible obtener una elevada fertilidad y prolificidad tras la transferencia quirúrgica de embriones vitrificados (Martínez y cols., 2013a, 2016a). Por lo tanto, el desarrollo de la transferencia no quirúrgica en combinación con la vitrificación embrionaria podría permitir la aplicación comercial de la TE en la industria porcina.
Desde un punto de vista práctico, nuestro laboratorio ha mejorado ambas tecnologías. Hemos demostrado que los embriones en estadio de mórula y blastocisto pueden ser vitrificados y calentados en un medio químicamente definido, usando acetato de polivinilo en vez de suero o derivados séricos, sin afectar al desarrollo embrionario in vitro o in vivo (Sánchez-Osorio y cols., 2010; Cuello y cols., 2016b). Por tanto, hoy se dispone de un medio totalmente definido para la recolección, manipulación, vitrificación, calentamiento y transferencia de los embriones, y este medio no requiere el uso de CO2. Todo ello simplifica la utilización de la tecnología de vitrificación, tanto en la granja donante como en la receptora. Por otra parte, también hemos simplificado el procedimiento convencional de calentamiento embrionario de tres etapas en un calentamiento directo (Cuello y cols., 2005, Gomis y cols., 2012), lo que facilita el uso de este tipo de embriones en la granja receptora.
En nuestros estudios preliminares de transferencia no quirúrgica con embriones vitrificados se obtuvieron aceptables tasas de parto (40-50 %) y número de lechones nacidos (5-10 lechones) (Cuello y cols., 2005; Gomis y cols., 2012). Recientemente hemos comparado la efectividad de la transferencia no quirúrgica de embriones vitrificados con un elevado número de receptoras, evaluando el efecto del número de embriones transferidos (Martínez y cols., 2015). Nuestros resultados indican que la transferencia no quirúrgica de embriones vitrificados puede ser tan efectiva como la transferencia quirúrgica con un número apropiado de embriones transferidos (fertilidad: 72 %; prolificidad: 9,9 lechones nacidos) y que la fertilidad y prolificidad de las receptoras aumentan del 40 % al 72 % y de 5,7 a 9,9 lechones, respectivamente, cuando se incrementa el número de embriones vitrificados por transferencia de 30 a 40 (figura 8).
Figura 8. Resultados reproductivos tras la transferencia no quirúrgica de 30 (NsDU-30) o 40 (NsDU-40) embriones vitrificados. Los controles fueron cerdas transferidas por vía quirúrgica con 30 embriones vitrificados (S-30).

Futuro reproductivo de las cerdas donantes y receptoras

En la actualidad el único sistema efectivo para la obtención de los embriones porcinos es el lavado de ambos cuernos uterinos tras el sacrificio de la hembra o mediante intervención quirúrgica. Debido a que las empresas de genética se cuestionan frecuentemente la reutilización de las cerdas donantes de elevado valor genético tras ser sometidas a una cirugía para la obtención de embriones, recientemente hemos evaluado el impacto de este procedimiento sobre el futuro reproductivo de dichas cerdas. Asimismo, hemos evaluado el futuro reproductivo de las cerdas receptoras tras la transferencia no quirúrgica de embriones, lo cual también es materia de interés para las granjas receptoras. Nuestros resultados indican que, aunque la obtención quirúrgica de los embriones no afectó a la tasa de partos subsiguiente (90,5 %), la prolificidad disminuyó severamente (8,9 ± 0,8 lechones) en comparación con aquella alcanzada antes de la cirugía (10,8 ± 0,3 lechones) y con la del grupo control (10,7 ± 0,3 lechones). En cambio, la transferencia no quirúrgica de los embriones no afectó a la fertilidad ni a la prolificidad de las cerdas receptoras en el ciclo siguiente, independientemente de que estas quedaran gestantes o no tras la transferencia (Martínez y cols., 2016b). Estos resultados indican que las cerdas receptoras pueden ser reintroducidas como reproductoras de la granja tras su utilización en un programa de TE por vía no quirúrgica. Por el contrario, es necesario perfeccionar el procedimiento quirúrgico de obtención de embriones para que las cerdas donantes puedan ser utilizadas como reproductoras después de las cirugías.

H2 Conclusiones

En la actualidad existe una técnica simple y eficaz para transferir los embriones en la profundidad de un cuerno uterino de las cerdas receptoras por vía no quirúrgica. En los últimos años se han realizado importantes avances en la conservación de embriones porcinos, tanto en estado fresco como criopreservado. Los resultados reproductivos alcanzados mediante el uso combinado de ambas tecnologías (transferencia no quirúrgica y conservación embrionaria) indican que, por primera vez, la TE podría utilizarse en la especie porcina a nivel comercial con suficientes garantías de éxito. Ahora es el momento de trasladar la ciencia a la práctica; es el momento de que las empresas de genética entren en acción.

AgradecimientosMuchos de los estudios descritos en esta revisión fueron financiados por el Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI-Selección Batallé SA: 20090686; CDTI-Agropor SA: IDI-20140140; CDTI-Porcisan SA: IDI-20140142), MICINN-FEDER (AGL2009-12091), MINECO-FEDER (AGL 2012-38621 y AGL201569735-R) y la Fundación Séneca de la Región de Murcia (19892/GERM/15).

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